He aquí una canción de Serú Girán que me gusta mucho, titulada Viernes 3AM, la cual me inspiró un cuento. Primero la letra, luego el video y por último mi cuento. Espero les guste.
La fiebre de un sábado azul
y un domingo sin tristezas.
Esquivas a tu corazón
y destrozas tu cabeza,
y en tu voz, sólo un pálido adios
y el reloj en tu puño marcó las tres.
El sueño de un sol y de un mar
y una vida peligrosa
cambiando lo amargo por miel
y la gris ciudad por rosas
te hace bien, tanto como hace mal
te hace odiar, tanto como querer y más.
Cambiaste de tiempo y de amor
y de música y de ideas
Cambiaste de sexo y de Dios
de color y de fronteras
pero en sí, nada más cambiarás
y un sensual abandono vendrá y el fin.
Y llevas el caño a tu sien
apretando bien las muelas
y cierras los ojos y ves
todo el mar en primavera
bang, bang, bang
hojas muertas que caen,
siempre igual,
los que no pueden más
se van.
Y aquí mi pequeño cuento:
Noche de Perros
El reloj dio las dos de la mañana
y Pedro estaba sentado en su cama, pensando en diferentes cosas, tal vez en su
familia, su mujer o su trabajo. En los últimos días, su vida no había andado
bien, se había peleado con su esposa porque él no tenía un buen trabajo, y su
sueldo no era suficiente para abastecer todas sus necesidades. Además, hacía
unas semanas que su madre había fallecido debido a una enfermedad terminal.
Esto había derrumbado a su familia, pero específicamente a él, que de alguna
manera había sido quien estuvo más cerca de ella.
De todo esto pensaba Pedro, mientras sentado en su cama observaba
al reloj, que marcaba las dos y cuarto. Muchas veces se le había presentado
esta situación, sólo, en su casa, esperando por su mujer que nunca iba a
llegar, pero que sin embargo seguía aguardando. Los minutos se sucedían y sus
pensamientos también; sentía cada vez más enojo consigo mismo, por no poder
tener un mejor trabajo, o tal vez, por no poder enfrentar a su esposa cara a
cara, y decirle todo lo que pensaba.
De pequeño siempre había tenido
sueños, uno de ellos era el de estudiar una carrera importante, tal vez
abogacía. Pero no había podido por la apresurada decisión de casarse con su
actual mujer. También apresurada había sido la llegada de su hijo, quien había
reordenado su vida de una manera mucho mayor que su casamiento. Fue por eso que
tuvo que buscar un empleo rápido, y consiguió trabajo en una fábrica textil, y
si bien al principio el sueldo no le resultaba bajo, con el tiempo y los
cambios en la economía, su salario pasó a ser casi insignificante. Su mujer en
cambio, no trabajaba, era ama de casa por lo que siempre se quedaba en su casa
limpiando y esperando a Pedro con la comida hecha.
Pasaron los años y su hijo
creció, y buscando nuevos horizontes se fue a vivir al sur. Esto realizó muchos
cambios en la vida de sus padres que se sentían vacíos.
Su hijo nunca más volvió y nunca
más supieron nada más de él. Esto trajo decepción a la vida de su madre, que
poco a poco comenzó a decaer. Esta situación deprimía a Pedro, ya que se sentía
impotente, porque no podía hacer nada. Pasaron los meses y su mujer no tenía ya
ganas de nada, y cuando Pedro llegaba a su casa, la comida no estaba hecha, y
muchas veces ella no estaba. En una de sus salidas nocturnas, había conocido un
hombre un exitoso empresario, y había comenzado con él una especie de relación.
Mientras Pedro estaba en su cama,
pensaba y se imaginaba esta situación, a su mujer con otro hombre que
seguramente la hacía mucho más feliz que él, y claramente estaba en lo cierto. Miró
el reloj, que ya daba las dos y media, y repentinamente comenzó a llorar,
reflexionando que su vida no valía la pena y que todo lo que había hecho para
ser feliz había sido en vano. Pensaba todo el tiempo en la idea de que su mujer
se encontraba con otro hombre, y le oprimía el corazón, porque sabía que él no
era suficiente para ella.
Decidió encender la radio, tal
vez para escuchar un poco de música; esto le tranquilizaba, porque era lo único
que lo entendía. El locutor anunció que eran los tres menos cuarto, y mientras
Pedro se relajaba, sintió el sonido de la puerta, que advertía que su mujer había
llegado. Se levantó de su cama, y fue al encuentro de su mujer. Se acercó para
saludarla con un beso, pero su respuesta fue un gesto de disgusto con su cara. Le
preguntó por qué había llegado tan tarde, a lo que ella respondió –Tengo una
relación con un hombre, mucho mejor que vos, y que me hace mucho más feliz-. Las
palabras fueron como puñales en el pecho de Pedro, quien no pudo contener su
llanto. Corrió hacía el baño y se encerró. No podía creer que lo que había
estado pensando era la mismísima realidad. Lloró desconsoladamente, hasta que
tomó la solución más drástica, de la cual nunca se iba a poder arrepentir. Fue a
la concina, y de una de los cajones sacó el revólver que guardaban por
protección. Acercó el arma a su cien, apretando sus muelas. Miró el reloj, eran
las tres de la mañana del sábado. Cerró sus ojos, y un estallido resonó por
toda la casa. No tuvo tiempo de pensar o relajarse, al sentir que todo había
terminado. Pedro se había matado.